Por Carlos Guyot
Hace 48 horas Liniers andaba así:

Hace 24 horas Liniers andaba así:

Porque esta tarde Ricardo Liniers Siri inaugura su primera gran retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta, en donde habrá para ver originales nunca antes exhibidos de sus tiras, dibujos (tapas de discos varios incluidas) y pinturas. No voy a comentar aquí la vida y obra de Liniers (buscar “Liniers dibujante” en Google arroja más de 100.000 resultados, y como puerta de entrada al Mondo Liniers recomiendo su propio sitio, su entrada en Wikipedia, o alguna de las recientes notas que le han hecho). Valga apuntar que publica desde 2002 todos los días la tira Macanudo en la contratapa de La Nación (disclosure: que edita quien suscribe). Sí aprovecho comentar lo siguiente.
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La periodista Susana Reinoso publicó hoy en La Nación varios de los libros más importantes que se verán en las librerías este año. Estos son algunos títulos locales:
Negar todo y otros cuentos (Roberto Fontanarrosa, Ediciones de la Flor)
Memorias de Tato Bores (Carlos Ulanovsky, Planeta)
El miedo a la política (Santiago Kovadoff, Planeta)
1810 (Felipe Pigna, Planeta)
La despedida (Marcelo Birmajer, Alfaguara)
El elogio del placer (Marcos Aguinis, Random House Mondadori)
Ganar es de perdedores (Ariel Magnus, Norma)
Por P.Z.
Hoy vi en Florida unos carteles que gritaban “¡Basta de robar! Roncagliolo a River”. ¿Roncagliolo? ¿Santiago Roncagliolo, el autor de Abril Rojo? Después de la sorpresa, pensé que tal vez tuviera sentido: Roncagliolo es peruano, la misma banda roja.
Hace poco, en una entrevista por su nueva novela, Juan Martini me contaba que había entendido cómo nombrar a sus personajes gracias a un cuento de Fontanarrosa. Dos relatores discutían sobre el nombre de un arquero. Vuela Belli: Belli, con ese apellido, no puede volar. Qué arquero puede volar: Marrapolli. Vuela Marrapolli. “¡Se te llena la boca con Marrapolli!”, se entusiasmaba Martini. En la literatura y en la cancha, los nombres pueden no ser inocentes. Pensemos en los primeros partidos de Palermo errándose goles. Ahora, con los doscientos y pico, la hinchada festejando y coreando su nombre, uno se olvida. Pensemos también el caso de Mario Pobersnik, errándose los mismos goles en la delantera de Ferro. De “los goles de Palermo que ya van a venir” al “Pobersnik, Pobersnik, te tenés que ir”. La rima cruel. El nombre condiciona.
Alguna vez le preguntaron a Mario Vargas Llosa qué fue lo que más le costó en la campaña política. Vargas Llosa fue candidato a presidente en el Perú, perdió con Alan García (¿se acuerdan del “hay patria mía, dame un presidente como Alan García”?). Aquella vez Vargas Llosa dijo que la relación con las palabras era muy dolorosa. Que un escritor las elige, las confronta, las esculpe; en cambio un político las repite, las machaca, las desgasta. El eslogan denigra la literatura.
Pensaba en esto mientras miraba el cartel en Florida. ¿Sabrá Roncagliolo en lo que se mete?
¿Cómo? ¿Que no es Santiago, que es Horacio? ¿Que no es el escritor? Qué papelón, Lalo. Por favor, no publiques esta columna.
El maestro Juan José Panno (uno de los fundadores de TEA, ex El Gráfico y gran tipo y periodista) tiene un gran sitio llamado Cuentos y Más, donde se puede leer más de cien textos cortos de fútbol. Según explica Panno, la idea es “para mitigar la abstinencia de fútbol local presentamos un centenar de cuentos, relatos, anécdotas y crónicas de diversos autores, que giran en torno de la bendita pelota. En esta edición especial conviven Galeano, Soriano, Fontanarrosa, Borocotó, Salas, Braceli, Sasturain, Sorin, Dolina y Sacheri”.
Por P.Z.
“Todo lo que sé de moral, lo aprendí jugando al fútbol”. Albert Camus era fanático del fútbol desde chico. Vivía en Orán (Argelia), tenía prohibido jugar a la pelota porque se le gastaba las suelas de los zapatos y la familia no tenía plata para comprarle nuevos. Pero él no podía contenerse. Un día a la abuela se le ocurrió la forma de controlarlo: le puso clavos en las suelas, le hizo unas marcas y todas las tardes, cuando el pequeño Albert volvía a casa, se fijaba en el nivel de desgaste. Si estaban muy consumidos, Albert se comía terrible zurra. El chico se cuidaba evitando el castigo, pero más de una vez se dejaba llevar.
Es que el fútbol no comprende de contextos ni consecuencias. Cómo se explica, si no, que aquellos que puteaban al Gobierno por no retrasar las elecciones hayan estado canchereándole a la gripe desde las tribunas; lluvia y granizo incluido.

Camus no es el único escritor fanatizado por el fútbol. Aquí en la Argentina podemos armar un seleccionado A y B, con suplementes y todo. Ahora que “volvió la alegría” al club de mis amores, se me ocurre proponerle un amistoso a Basile (o a Maradona, por qué no). Nosotros vamos con un 4-4-2 clásico:
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Este año en eBlog intentaremos homenajear a las revistas locales que hicieron historia durante alguna parte del siglo pasado. Arrancaremos con Sex Humor, una revista emblema de los años ochenta, que pisó fuerte en el destape post dictadura militar y en plena apertura democrática. A partir de 1984 y durante quince años, SexHumor logró ser un éxito de ventas con una fórmula exclusiva: el sexo visto desde el humor. Nació al amparo y como la hija atorranta de otra revista famosa: Humor, de la que seguramente nos ocuparemos más adelante. “Con Sex Humor, una generación de lectores estaba dispuesta a compartir sus sentimientos, pulsiones y fantasías sobre el sexo”, explica su creador, Andrés Cascioli.

El imperdible libro “La revista SexHumor. El sexo de los argentinos” (foto abajo, publicado por Musimundo en 2007) recopila con justicia los mejores trabajos que se publicaron en la revista de Ediciones La Urraca. Como una especie de streap tease, desfilan por sus 300 páginas las obras de talentosos humoristas como Horacio Altuna, Roberto Fontanarrosa, Sanzol, Tabaré, Maitena, Peni, Palomares y O’Kif, entre otros. Todos formaron parte de una revista inolvidable, “el sueño de cualquier dibujante”, según la definición de Maitena, quien allí dio sus primeros pasos. Pero también están los mejores textos de algunos de los periodistas que trabajaron en aquella redacción: Cristina Wargon, Silvia Itkin, Juan Carlos Muñiz y varios más.
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Continúa a paso firme la mini-gira de la presentación de mi libro El imperio digital. Este jueves 9 es el turno de Rosario, la de Olmedo, el Che, Fito, el Negro Fontanarrosa y Silvina Luna. La cita es a las 19 hs. en la Librería Ross (Córdoba 1347) y presentará la periodista Virginia Giacosa. Después comidita en el ya mítico El Cairo. Los interesados que estén por allá, vayan y/o avisen.

Link: Fotos de la presentación en Córdoba junto a Playo.

No esperen objetividad ni alguna de esas mariconadas. Les aviso que soy fana del cordobés José Playo. Después de una entrevista para su blog y algunos delirantes mails escatológicos, pegamos buena onda y el autor me mandó hace un mes su nuevo libro (el tercero) titulado “La belleza del escándalo” (Ediciones del Boulevar). El año pasado ya había leído el anterior, “Peinate que viene gente”. Y este fin de semana, después de terminar uno sobre los montoneros (De Gillespie, para otro post), me puse con el nuevo de Playo.
El autor le hace honor al humor cordobés. Sin vueltas, directo, va al grano para causar el efecto buscado en el lector: la risa cómplice. Te zampa el remate cuando menos lo esperás y sabe crear situaciones delirantes, absurdas, bizarras. Los protagonistas de las historias mínimas -no superan las tres páginas- nunca son correctos ni prolijos. Todo lo contrario. Desfilan en las 197 páginas las putas, las feas, el gordo garca, el chorro, los narcos, la canas gordos y coimeros, asesinos, el pendejo insoportable, cornudos. Pero todos patéticos, torpes, erráticos y perdedores. Tan perdedores que por momentos dan mucha pena y risa. Playo los expone a las miserias cotidianas y provoca al lector en cada párrafo. Creo que fue Capusotto quien definió al humor como poner una cosa donde no va. Por eso Playo hace reir. Porque en sus esfervecentes relatos nada ni nadie ocupa su lugar. Un tipo quiere ser escritor y se anota en un curso literario donde el profesor lo termina cagando a trompadas en la primera clase. Las cachetadas suenan tan fuerte que es imposible no tentarse de risa por lo absurdo de la situación. En otro cuento el protagonista se pregunta cuánto pesa “un culo Reef”. En “La oscilación de las mufas” un tipo se saca la mufa puteando a los demás con amabilidad. El que lleva el nombre del libro es la primera parte de una delirante historia de espías que promete. La mayoría de los relatos de Playo son coloquiales, costumbristas, sobre el hombre común típico de Fontanarrosa en tantos cuentos. Por momentos da la sensación de que Playo se sentó en la mesa de los galanes o de ser el protagonista de El mundo ha vivido equivocado. Filosofea el rockstar frustrado en Sexo, drogas y mostrador: “la vida es otra cosa. Es salir a la calle y pisar un sorete”. Todos los protagonistas de los relatos de Playo, con diferentes métodos, buscan lo mismo: ser felices.
Así abre el libro: “Necesitaba convertirme en un escritor rápido. Cuanto más rápido, mejor. Entonces yo tenía una amante de medio tiempo, una chica delgada y huesuda que disfrutaba de las relaciones sexuales no convencionales y se llamaba Paloma. Buenos antebrazos, buenas mejillas. Cuando sonreía de manera correcta (escondiendo con su labio superior el vacío de tres o cuatro piezas dentatias faltantes), hasta diría que no era del todo fea”.
Guarden en sus pendrives este nombre: José Playo. Con seguridad, en un pan y queso, el cordobés pasaría a integrar el equipo del Negro Fontanarrosa, Sasturain, Soriano, Hernán Casciari y Sebastián Wainraich, entre otros jugadores. Salvando las distancias, claro. Nadie dijo que un equipo de barrio debe ser parejo.
Después no digan que no les avisé.

El jueves pasado, en el espacio Imago de Suipacha 658, Andres Cascioli, Juan Sasturain y Miguel Rep se sentaron en la mesa redonda “Hacer reir”, para analizar la forma de hacer humor del inolvidable Negro Fontanarrosa. La imperdible charla forma parte de la excelente muestra llamada 100% negro que exhibe la obra gráfica y humorística del rosarino hasta el 2 de agosto.
Andres Cascioli: Yo al negro Fontanarrosa lo conocí primero como lector porque al mismo tiempo que hicimos con Oscar Blotta Satiricón, ellos en Córdoba poco antes hicieron la Hortensia. Y a mi me impresionó el dibujo de Hortensia. Especialmente El Negro y su compadre Crist.
Juan Sasturain: Era medio un diferenciado, ¿no, Andrés? Eran los dos negros pero tenían dibujos muy diferentes. Hay chistes que vos los mirás setenta y uno, setenta y dos…
AC: No, no, en esa época, estaban diferenciados, a mi me parece, notoriamente.
Miguel Rep: Por la historieta.
AC: Por las historietas y por la línea que en esa época utilizaba Fontanarrosa que era una más línea más publicitaria. El tenía un dibujo como más estético, como alargado. Estaba muy alejado del “monito”, el llamado monito que Crist lo usaba más. Aunque hacía un mono muy plástico, él usaba más el mono, él se parecía… quizás una comparación en esa época: yo creo que Crist lo vio a Blotta como Koblo. Fontanarrosa, que a mi me sorprendió mucho y me gustó mucho hacía un dibujo casi publicitario.
En el blog Hablando del Asunto, Zunini publicó la charla entera, que no tiene desperdicio.